Parroquia San Bartolomé SABINAR

Parroquia San Bartolomé SABINAR

viernes, 21 de febrero de 2014

REFLEXIONA ESTE FIN DE SEMANA CON ESTE VIDEO


HORARIOS DE MISAS MES DE MARZO 2014



LECTURAS Y REFLEXION DOMINGO VII TO CICLO A

PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DEL LEVÍTICO 19, 1-2.17-18
El Señor habló a Moisés: “Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: Seréis santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo. No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, son que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.”
Palabra de Dios

SALMO RESPONSORIAL  SALMO 102
R.- EL SEÑOR ES COMPASIVO Y MISERICORDIOSO
Bendice, alma mía, al Señor,
Y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
Y no olvides sus beneficios. R.-

El perdona todas tus culpas
Y cura todas tus enfermedades,
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.-

El señor es compasivo y misericordioso,
Lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados,
Ni nos paga según nuestras culpas. R.-

Como dista el oriente del ocaso,
Así aleja de nosotros nuestros delitos;
Como un padre siente ternura de sus hijos,
Siente el Señor ternura por sus fieles. R.

SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 3, 16-23
Hermanos:
¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo; ese templo sois vosotros. Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: “Él caza a los sabios en su astucia.” Y también: “El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.” Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios.
Palabra de Dios.

EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 5, 38-48
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Sabéis que está mandado: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, al que te pide prestado, no lo rehúyas.
Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo’. Yo en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.”
Palabra del Señor

REFLEXION DE MONSEÑOR JOSE MANUEL LORCA PLANES

Cada domingo vamos a la Eucaristía para alimentar nuestra vida de fe por medio de la escucha de la Palabra y, con las debidas condiciones, recibir en la Comunión al Señor. Nos miramos cada domingo en el espejo de Cristo y recibimos de Él la mejor enseñanza para la vida. De ninguna manera podremos decir que las misas son aburridas, si alguien lo dice es que falla algo. Revisad si vais con el convencimiento de encontraros con Cristo, de si vais a escucharle o vais con la puerta de vuestro corazón cerrada. En este domingo nos hablará sobre nuestra relación con el prójimo.

En la primera lectura se determina como debe ser la relación con los demás, entre los hermanos, el modelo que presenta es el de Dios: Dios es santo, pues vosotros debéis ser santos. ¿Os parece imposible? Él lo hará posible; se nos dice que le imitemos, que no nos conformemos con hacer lo que todos hacen, debemos hacer más, ser capaces de amar al prójimo, hasta a los enemigos. Jesús especifica que quiere caridad, generosidad, entrega.

En el salmo responsorial podemos ver lo que significa ser santo, como Dios es santo: compasivo y misericordioso; perdona, cura, rescata, colma de gracia y ama a los que le odian. Como este Padre debemos ser los hijos, lograr que nuestro corazón y nuestros sentimientos vayan por este camino es una tarea diaria, el reto de nuestra vida espiritual. Esta semana nos llevamos trabajo a casa: no podré decir que estoy atento a lo que Dios me pide, si no soy capaz de imitarle. Los deberes están claros: lento a la ira, comprensivo, perdonador, rico en clemencia... La caridad con el hermano aparece como una consecuencia absolutamente ligada a nuestra fe en Dios y se debe notar en nuestro estilo de vida.


La manera de ser, que nos pide Dios es algo más que ser educados, se trata de un estilo basado en el amor gratuito, desinteresado, de entrega sin esperar recompensa. El amor siempre es comprometido, incluye, como ya nos dice la primera lectura, la corrección fraterna; amar no significa cruzarse de brazos, es estar dispuesto a ayudar; presentar la otra mejilla escandaliza sólo a quienes no comprenden las razones de la fe… Te propongo que antes de darle la paz al de al lado, lo pienses bien, porque le dirás el mismo “Amén” que a Cristo en la Comunión.

jueves, 20 de febrero de 2014

EL SÁBADO DÍA 22/02/2014 EUCARISTÍA EN EL SANTUARIO VIRGEN DE LA ROGATIVA







EL PRÓXIMO SÁBADO DÍA 22 DE FEBRERO DE 2014 SE CELEBRARÁ LA EUCARISTÍA DEL MES EN EL SANTUARIO VIRGEN DE LA ROGATIVA. 

SERÁ LA ÚLTIMA CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA ANTES DE BAJAR LA SANTÍSIMA VIRGEN DE LA ROGATIVA A MORATALLA, YA QUE EL PRÓXIMO DÍA 15 DE MARZO DE 2014 EMPEZARÁ LA BAJADA PASANDO POR LAS DISTINTAS PEDANÍAS.


  • EL DÍA 15 DE MARZO DE 2014 LLEGARÁ AL CALAR DE LA SANTA
  • EL DÍA 22 DE MARZO DE 2014 LLEGARÁ AL SABINAR.
  • EL DÍA 29 DE MARZO DE 2014 LLEGARÁ AL CAMPO DE SAN JUAN.



LA CELEBRACIÓN DE LA MISA, COMO ES COSTUMBRE, SE CELEBRARÁ A LAS 15:30 HORAS.

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE LA CONFESIÓN: No tengáis miedo a la confesión


PINCHA AQUÍ PARA ESCUCHARLA:

                                     Catequesis del Papa Francisco sobre la confesión


A través de los Sacramentos de la iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, el hombre recibe la vida nueva en Cristo. Ahora, todos lo sabemos, esta vida, nosotros la llevamos "en vasos de barro" (2 Cor 4,7), estamos todavía sometidos a la tentación, al sufrimiento, a la muerte y, a causa del pecado, podemos incluso perder la nueva vida. Por esto, el Señor Jesús, ha querido que la Iglesia continúe su obra de salvación también hacia sus propios miembros, en particular, con el Sacramento de la Reconciliación y el de la Unción de los enfermos, que pueden estar unidos bajo el nombre de "Sacramentos de sanación". El sacramento de la reconciliación es un sacramento de sanación. Cuando yo voy a confesarme, es para sanarme: sanarme el alma, sanarme el corazón por algo que hice no está bien. El ícono bíblico que los representa mejor, en su profundo vínculo, es el episodio del perdón y de la curación del paralítico, donde el Señor Jesús se revela al mismo tiempo médico de las almas y de los cuerpos (Mc 2,1-12 / Mt 9,1-8; Lc 5,17-26).

1- El Sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación – nosotros lo llamamos también de la Confesión - brota directamente del misterio pascual. En efecto, la misma tarde de Pascua el Señor se apareció a los discípulos, encerrados en el cenáculo, y luego de haberles dirigido el saludo "¡Paz a ustedes!", sopló sobre ellos y les dijo: "Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen" (Jn. 20,21-23). Este pasaje nos revela la dinámica más profunda que está contenida en este Sacramento. Sobre todo, el hecho que el perdón de nuestros pecados no es algo que podemos darnos nosotros mismos: yo no puedo decir: "Yo me perdono los pecados"; el perdón se pide, se pide a otro, y en la Confesión pedimos perdón a Jesús. El perdón no es fruto de nuestros esfuerzos, sino es un regalo, es don del Espíritu Santo, que nos colma de la abundancia de la misericordia y la gracia que brota incesantemente del corazón abierto del Cristo crucificado y resucitado. En segundo lugar, nos recuerda que sólo si nos dejamos reconciliar en el Señor Jesús con el Padre y con los hermanos podemos estar verdaderamente en paz. Y ésto lo hemos sentido todos, en el corazón, cuando vamos a confesarnos, con un peso en el alma, un poco de tristeza. Y cuando sentimos el perdón de Jesús, ¡estamos en paz! Con aquella paz del alma tan bella, que sólo Jesús puede dar, ¡sólo Él!

2- En el tiempo, la celebración de este Sacramento ha pasado de una forma pública – porque al inicio se hacía públicamente – ha pasado de esta forma pública a aquella personal, a aquella forma reservada de la Confesión. Pero esto no debe hacer perder la matriz eclesial, que constituye el contexto vital. En efecto, es la comunidad cristiana el lugar en el cual se hace presente el Espíritu, el cual renueva los corazones en el amor de Dios y hace de todos los hermanos una sola cosa, en Cristo Jesús. He aquí por qué no basta pedir perdón al Señor en la propia mente y en el propio corazón, sino que es necesario confesar humildemente y confiadamente los propios pecados al ministro de la Iglesia. En la celebración de este Sacramento, el sacerdote no representa solamente a Dios, sino a toda la comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con Él, que lo alienta y lo acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana. Alguno puede decir: "Yo me confieso solamente con Dios". Sí, tú puedes decir a Dios: "Perdóname", y decirle tus pecados. Pero nuestros pecados son también contra nuestros hermanos, contra la Iglesia y por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia y a los hermanos, en la persona del sacerdote. "Pero, padre, ¡me da vergüenza!". También la vergüenza es buena, es 'salud' tener un poco de vergüenza. Porque cuando una persona no tiene vergüenza, en mi País decimos que es un 'senza vergogna' un 'sinvergüenza'. La vergüenza también nos hace bien, nos hace más humildes. Y el sacerdote recibe con amor y con ternura esta confesión, y en nombre de Dios, perdona. También desde el punto de vista humano, para desahogarse, es bueno hablar con el hermano y decirle al sacerdote estas cosas, que pesan tanto en mi corazón: uno siente que se desahoga ante Dios, con la Iglesia y con el hermano. Por eso, no tengan miedo de la Confesión. Uno, cuando está en la fila para confesarse siente todas estas cosas – también la vergüenza – pero luego, cuando termina la confesión sale libre, grande, bello, perdonado, blanco, feliz. Y esto es lo hermoso de la Confesión.

Quisiera preguntarles, pero no respondan en voz alta ¿eh?, cada uno se responda en su corazón: ¿cuándo ha sido la última vez que te has confesado? Cada uno piense. ¿Dos días, dos semanas, dos años, veinte años, cuarenta años? Cada uno haga la cuenta, y cada uno se diga a sí mismo: ¿cuándo ha sido la última vez que yo me he confesado? Y si ha pasado mucho tiempo, ¡no pierdas ni un día más! Ve hacia delante, que el sacerdote será bueno. Está Jesús, allí, ¿eh? Y Jesús es más bueno que los curas, y Jesús te recibe. Te recibe con tanto amor. Sé valiente, y adelante con la Confesión.

Queridos amigos, celebrar el Sacramento de la Reconciliación significa estar envueltos en un abrazo afectuoso: es el abrazo de la infinita misericordia del Padre. Recordemos aquella bella, bella Parábola del hijo que se fue de casa con el dinero de su herencia, despilfarró todo el dinero y luego, cuando ya no tenía nada, decidió regresar a casa, pero no como hijo, sino como siervo. Tanta culpa había en su corazón, y tanta vergüenza. Y la sorpresa fue que cuando comenzó a hablar y a pedir perdón, el Padre no lo dejó hablar: ¡lo abrazó, lo besó e hizo una fiesta! Y yo les digo, ¿eh? ¡Cada vez que nos confesamos, Dios nos abraza, Dios hace fiesta! Vayamos adelante por este camino. Que el Señor los bendiga

domingo, 16 de febrero de 2014

REFLEXIONA


Si quieres, guardarás sus mandatos, porque es prudencia cumplir su voluntad”. Así comienza la primera lectura de la misa de hoy. Nadie es obligado a hacer lo que no puede. Los mandamientos no son órdenes impuestas por alguien que no conoce nuestra debilidad. Responden a la dignidad y racionalidad del ser humano.
Esas palabras del libro del Eclesiástico o Sirácida (15,15-20) fueron citadas por el papa Juan Pablo II en su encíclica “El esplendor de la verdad”. Es una cita muy oportuna, en un tiempo en el que todos invocan el valor de la libertad, pero se disculpan del mal que han hecho, diciendo que no eran libres para evitarlo.
El texto nos dice a continuación: “Ante ti están puestos fuego y agua; echa mano a lo que quieras”. Nuestras opciones van fijando nuestra responsabilidad. La mayor parte de nuestras desdichas se deben a nuestra ceguera a la hora de elegir el camino.

MANDAMIENTOS Y VALORES

En el evangelio que hoy se proclama Jesús nos recuerda que no ha venido a abolir la ley de Moisés (Mt 5, 17-35). Muchos piden a la Iglesia que se decida a suprimir los mandamientos. Pero la Iglesia no puede hacer lo que ni Jesús mismo podía. Porque los mandamientos responden a los valores que nos hacen humanos.
• No basta con no matar, nos dice Jesús. Es preciso acoger a los hermanos, sin excluirlos de nuestras relaciones de fraternidad.
• No basta con no cometer adulterio. Es necesario aprender a establecer unas relaciones de amor limpias y transparentes, basadas en el compromiso y la fidelidad.
• No es preciso jurar. Estamos llamados a vivir en la verdad, a decir la verdad, a dar testimonio de la verdad, siempre y en todo lugar.
En su exhortación “La alegría del Evangelio”, el Papa Francisco nos advierte del peligro del relativismo con que tomamos nuestras opciones más profundas (n. 80).

MANDAMIENTOS Y LIBERTAD

En el texto evangélico de hoy, insertado en el marco del Sermón de la Montaña, Jesús nos advierte de un riesgo bastante frecuente: “El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el reino de los cielos”.
• Saltarse uno de los preceptos significa colocar nuestro juicio por encima del juicio de Dios. Con ello reafirmamos nuestra sed de autonomía. Pero también demostramos que decidimos actuar “como si Dios no existiera”. 

• Saltarse uno de los preceptos significa también que pretendemos olvidar la dignidad de nuestros hermanos. Con razón dice el Papa Francisco que eso nos lleva a actuar “como si los demás no existieran”.

REFLEXION DOMINGO VI T.O. CICLO A

En el Evangelio de hoy continuamos con el Sermón de la Montaña, que comienza con el discurso de las Bienaventuranzas.  El Sermón de la Montaña lo predicó Jesucristo en los primeros meses de su Vida Pública y en él da la pauta de lo que sería la enseñanza que El venía a dar.   El centro de esta predicación del Señor es el Amor y la primacía de éste sobre la Ley.

         Por eso deja claramente establecido que no ha venido a abolir la Ley antigua, sino a perfeccionarla.  De allí la insistencia en decir:  “Habéis oído vosotros que se dijo a los antiguos ... Pero yo os digo: ...”  Con este planteamiento, varias veces repetido, el Señor anuncia los perfeccionamientos más fundamentales que viene a introducir en la Nueva Ley.  Estos perfeccionamientos están basados más en el amor que en el cumplimiento de la Ley Antigua.  Y resultó que el amor terminó siendo  mucho más exigente que la Ley que los israelitas de entonces  trataban de cumplir al pie de la letra.

         Por supuesto, el contenido de este discurso impresionó a la gente que lo escuchó, pero dice San Mateo al final del Sermón de la Montaña que lo que más impresionó fue “su modo de enseñar, porque hablaba con autoridad y no como los maestros de la Ley que tenían ellos” (Mt. 7, 28).

         Veamos algunos de perfeccionamientos que el Señor nos presenta como preceptos de la Nueva Ley: 

         Al antiguo precepto de “No matarás”, agrega el insulto, la ira, la agresión, el desprecio, el resentimiento contra alguien.  Y explica con más detalle:  “Cuando vayas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda”.   

         Y ... ¿hacemos esto?  Cuando venimos a Misa y vamos a comulgar ¿hemos perdonado realmente a los que nos han hecho daño?  ¿Hemos pedido perdón a quien hemos ofendido?  ¿Nos hemos liberado de los resentimientos absurdos que tenemos contra los demás?  Y los llamamos absurdos, pues no hacen daño al otro, sino que terminan haciendo más daño a quien los lleva en su corazón. 

         El Rito de la Paz que se realiza justo antes de la Comunión indica precisamente esto a lo cual se refiere el Señor.  Pero … ¿nos damos “fraternalmente” la Paz, como indica el Celebrante?  En ese momento las personas que tenemos “próximas” representan al “prójimo”, al “hermano” de que nos habla el Señor en este pasaje.  Y ese gesto no significa un saludo banal, ni está allí para dar el pésame o las condolencias a los familiares del difunto por el cual se está ofreciendo la Misa.  Ese gesto significa algo muy concreto y exigente:  que no tenemos nada contra nadie, que nuestro corazón está limpio de rencor, de resentimiento y que, por tanto, puedo comunicar la Paz que Cristo nos da.   Sólo así, reconciliados plenamente con el hermano, podemos entonces comulgar y “presentar nuestra ofrenda”, en las condiciones que el Señor nos indica.

         El perdón es difícil.  Es uno de esos preceptos exigentes que pone Jesucristo en su Ley del Amor.  Si nos cuesta, pidamos esa gracia al Espíritu Santo.  Esa gracia del perdón es de las cosas buenas que el Señor desea que le pidamos, para El dárnosla.  Es bueno acostumbrarse a pedir virtudes, a pedir cosas buenas ...  y no tanta cosa poco útil a la vida espiritual.     

         Otro perfeccionamiento a la Antigua Ley que nos da Jesús se refiere a que, aunque no se materialice algún acto que vaya contra la Ley, ya con sólo el deseo, hemos infringido la Ley.  El solo deseo de algún acto contrario a la Ley de Dios, ya es una falta. 

         Por eso el que habla contra alguien, sobre todo si es una calumnia, ya ha asesinado a ese hermano en su corazón.  También el que haya mirado a alguien con deseo, aunque no materialice ese deseo, ya ha cometido adulterio en su corazón. 

         Como vemos, la Ley Nueva se centra también en lo íntimo de la persona, en aquellos pensamientos y deseos nuestros que sólo Dios conoce.  De allí la importancia de la pureza de corazón, de no tener deseos escondidos, ni de manifestar en palabras, cosas  que vayan contra el amor.

         También habla el Señor contra el divorcio y a favor de la indisolubilidad del Matrimonio Cristiano.  No es lícito divorciarse y volverse a casar.  Y  basado en esto la Iglesia no permite la recepción de la Comunión a los que se encuentran en esta situación irregular, pero sí los invita a venir a la Santa Misa,  a orar, e inclusive a hacer obras de caridad y  a participar en algunas actividades de la Iglesia, invitándolos siempre a pedir la gracia de regularizar su situación.

         Jesús nos habla también de no jurar.  Y nos dice que la cuestión es muy sencilla:  decir simplemente sí, cuando es sí, y no, cuando es no.  Así nunca necesitaremos jurar.   

         Para comprender y vivir esta Nueva Ley que Jesús nos trae es necesario que el cristiano esté abierto y se deje penetrar de la Sabiduría Divina.  San Pablo sigue insistiendo en esto a lo largo de esta Primera Carta a los Corintios que hemos estado leyendo estos domingos, junto con el Sermón de la Montaña. 

         Juzgados estos exigentes preceptos del Señor con sabiduría humana, la cual San Pablo desecha por completo en esta Carta, es imposible comprenderlos y cuesta mucho aceptarlos.  Pero la Sabiduría de Dios, nos dice San Pablo, “que es misteriosa y escondida ... fue prevista por Dios para conducirnos a la gloria”, para llegar a disfrutar de “lo que Dios tiene preparado para los que lo aman”.        Y ¿quiénes son los que aman a Dios?  Los que cumplen sus preceptos, los que siguen su Voluntad.

         Y eso que Dios tiene preparado no lo podemos ni imaginar.  Así dice San Pablo:  “ni el ojo lo ha visto, ni el oído lo ha escuchado, ni la mente del hombre pudo siquiera haberlo imaginado”.  Esa es la descripción del Cielo que nos da San Pablo.  El lo vio, y eso es lo que nos da a conocer de lo que vio.

         Por eso hemos cantado en el Salmo:  “Dichoso el que cumple la Voluntad del Señor”.  Dichoso, porque podrá llegar a ese sitio que Dios nos tiene preparado.  En vez de pensar que los preceptos del Señor son imposibles o demasiado difíciles, debemos orar como lo hicimos en el Salmo:  “Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado.  Enséñame, Señor, a cumplir tu Voluntad  y a guardarla de todo corazón”.